Valdelesabeyes golden retriever

Valdelesabeyes

Golden Retriever

golden retriever de valdelesabeyesGolden Retriever

golden retriever de valdelesabeyesValdelesabeyes Golden

Portafolio image

Prevención de las afecciones neonatales

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Selección de los reproductores

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Prevención alimentaría

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Prevención de las distocias

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Prevención de las anomalías congénitas

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Prevención de los trastornos de la lactancia

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Prevención de la infección por el herpes virus canino (chv)

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Antisepsia vaginal durante el preparto

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Prevención de las enfermedades infecciosas

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Prevención de las enfermedades parasitarias

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Prevención de las infecciones umbilicales

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Factores relativos a los cachorros

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Prevención de la hipoxia neonatal

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Prevención de la hipoglucemia

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Prevencion de la hipotermia

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Prevención de la deshidratación

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Cuidados al nacer

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Prevención de las demás causas de mortalidad neonatal

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Factores ambientales

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Conclusión


Selección de los reproductores

Todos los criadores han comprobado que en las reproductoras muy maduras, a partir de una edad mediana, la mortalidad neonatal aumenta con el número de camadas. Este fenómeno probablemente se relaciona con la frecuencia de las secuelas de la anoxia en los cachorros, provocada por la inercia uterina primaria, muy corriente en las reproductoras mayores.

A fin de limitar este riesgo, algunos criadores seleccionan a sus reproductoras por su prolificidad y sus cualidades maternales y las desechan (con excepción de las reproductoras de élite) cuando llegan al límite de edad estimado según las estadísticas de la raza.

La consanguinidad excesiva afecta más a la prolificidad de las reproductoras y a la calidad del semen de los machos (aumento del porcentaje de formas anormales) que a la viabilidad de los cachorros. En efecto, el exceso de consanguinidad aumenta la probabilidad de que aparezcan taras recesivas, que se reflejan en malformaciones congénitas o en falta de anidación cuando la homocigosis resulta letal.

A modo de ejemplo, las fisuras palatinas pueden transmitirse según un patrón de herencia autosómico recesivo y el aumento brusco de su incidencia puede sugerir la existencia de consanguinidad excesiva.

Una buena prevención permite reducir considerablemente la mortalidad

Prevención alimentaría

El peso de un recién nacido es un indicador de los intercambios fetomaternos durante la gestación. Los retrasos del crecimiento intrauterino se hallan esencialmente ligados a causas maternas. Por otra parte, un estudio reciente ha mostrado que en la especie porcina, la viabilidad de los lechoncitos antes del destete se correlaciona con su peso al nacer.

Las observaciones realizadas en la especie canina son similares. Aunque la alimentación tiene poca influencia en la fecundidad y la prolificidad de la perra, y en la iniciación de la gestación, durante la lactancia, se transforma en un factor preponderante para la salud de los cachorros.

La prevención alimentaria consiste en adaptar cualitativa y cuantitativamente la ración materna a las necesidades fisiológicas de la gestación y de la lactancia. Estas necesidades se estiman a partir del número de cachorros y la ganancia ponderal media diaria (GPMD) de la raza. Al calcular el aporte energético debe tomarse en cuenta la reducción de la capacidad gástrica de la hembra gestante (aumento de la densidad energética del alimento). El aporte energético debe permitir en los cachorros la formación de glucógeno hepático de reserva, sin favorecer al mismo tiempo el depósito de grasas en el canal pélvico materno.

Debe prestarse atención especial a la concentración de vitamina A del alimento, ya que los excesos pueden provocar fisuras del paladar, deformación de la cola, las orejas y la columna vertebral, así como momificación fetal y mortalidad neonatal. El período de mayor susceptibilidad está comprendido entre los días 17º y 22º de la gestación.

El exceso de vitamina D predispone a la calcificación de los tejidos blandos, las estenosis valvulares y el cierre prematuro de las fontanelas. Los suplementos excesivos y precoces de calcio durante la gestación pueden predisponer a la madre a la eclampsia previa y posterior al parto, responsable en el primer caso de partos prematuros y en el segundo, del aplastamiento accidental de los cachorros.

Cabe hacer referencia, para los criadores que todavía alimentan a sus reproductoras con carcasas molidas de pollo crudo, el conjunto de riesgos que esta dieta implica: desequilibrio mineral (exceso de calcio), parasitosis e incluso afecciones bacterianas, como las campilobacteriosis, causantes de abortos, diarreas y septicemias neonatales.

Prevención de las distocias

Un estudio realizado recientemente en 182 casos clínicos sobre las causas y las consecuencias de la distocia canina permitió sacar las siguientes conclusiones:
            - el 42% de las perras distócicas habían presentado ya el mismo trastorno durante sus partos anteriores;
            - en el 52,2% de las camadas de esas perras se había producido muerte neonatal.

Estos resultados no sólo muestran que la distocia produce aumento de la mortalidad neonatal, hecho que podía sospecharse, sino también que es preferible retirar de la reproducción a las hembras que hayan presentado distocia, excepto cuando ésta haya obedecido a causas evidentes (obesidad notoria, inmadurez del canal pélvico, etc.)

Resulta sorprendente que no se haya observado en el grupo de perras de este estudio ninguna predisposición relacionada con la edad o la raza, cuando se sabe que las razas braquicéfalas son propensas a padecer distocia, al igual que las perras muy mayores o de pequeño tamaño.

También según este estudio, en el 75,3% de los casos, la distocia es de origen materno (principalmente por atonía uterina primaria) y en los restantes, de origen fetal. Además, como el volumen de los fetos suele ser inversamente proporcional a su número (restricción uterina), hay que controlar de manera especial el parto de los más grandes, pertenecientes a camadas poco numerosas. A diferencia de lo que comúnmente se cree, los cacho-rros grandes no son más resistentes que los de tamaño normal, ya que co-rren un mayor riesgo de padecer anoxia al nacer.

La tasa de supervivencia depende también de la prontitud con que se inicie el tratamiento médico (con gluconato de calcio y oxitocina) una vez establecido el diagnóstico de atonía uterina primaria. Siempre según los autores de este estudio, del 22,3% de mortalidad neonatal imputable a estas distocias, sólo el 5,8% corresponde a los tratados en forma precoz (entre media y cuatro horas después del diagnóstico), mientras que el 13,7% corresponde a casos en los que el tratamiento se inició entre 5 y 24 horas después del diagnóstico. Estos resultados muestran que el sufrimiento fetal que comienza con el desprendimiento de la placenta es un factor de riesgo suplementario, que compromete la vida de los cachorros. 168

Prevención de las anomalías congénitas

La fase de la embriogénesis correspondiente a la diferenciación tisular (del día 17 al 21) es el período más sensible a la acción teratógena de los medicamentos. Sin embargo, el feto también puede estar expuesto más tarde a riesgos de malformación de algunos órganos de diferenciación tardía, como el paladar, el cerebelo y el aparato urinario. Hoy en día se conoce muy bien la lista de productos teratógenos en la especie canina, así como sus dosis y el período de máxima susceptibilidad. En la medida de lo posible, deberá tomarse la precaución elemental de evitar durante la gestación todo tratamiento medicamentoso, anestésico, hormonal y antiparasitario externo, así como también las vacunaciones, a menos que el estado de la madre lo exija y que la experiencia del veterinario garantice su inocuidad.

Prevención de los trastornos de la lactancia

En las razas de pequeño tamaño, la gestación y el parto son la etapa más difícil de superar, mientras que en las reproductoras de gran tamaño, el riesgo reside en que la lactancia puede debilitarlas y afectar al crecimiento de la camada. En la especie canina, las mastitis se deben con frecuencia al traumatismo provocado por los rasguños de los cachorros o a una infección ascendente trasmitida por el lamido o el lecho sanitario, o derivada de una infección cutánea (piodermatitis).

Además de provocar la presencia de gérmenes patógenos en la leche, responsables del "síndrome de la leche tóxica" (por lo general, colibacilos, estreptococos hemolíticos o estafilococos), las mastitis se acompañan a menudo de dilución láctea, lo que disminuye el aporte de nutrientes a los cachorros, con consecuencias especialmente graves porque esta afección aparece por lo general durante el pico de lactancia. La prevención, teóricamente simple, consiste en identificar el germen responsable y suprimir el foco. No obstante, en la práctica resulta difícil esperar los resultados de laboratorio antes de iniciar el tratamiento de la madre con antibióticos y la lactancia artificial o su "adopción" por una madre sustituta. La palpación minuciosa de los pezones permite a veces detectar malformaciones de los conductos galactóforos, que favorecen las infecciones ascendentes. Esta predisposición anatómica puede justificar que se retire a la madre de la reproducción. Aunque la producción de leche se considera característica "bastante heredable", la hipogalactia, la agalactia y el retraso de la subida de la leche son difíciles de prever y, por lo tanto, de prevenir, en especial en las primíparas. Frecuentemente se acompañan de trastornos del comportamiento materno, relacionados a menudo con una mala socialización o con inseguridad o incomodidad en la maternidad.

Como la inmunización pasiva de los cachorros por inmunoglobulinas G (IgG) depende casi exclusivamente de la ingestión precoz del calostro, algunos criadores toman la precaución de conservar calostro congelado de una hembra donante o suero de la madre, que hacen ingerir a las crías para paliar la carencia de calostro.

En los días siguientes la leche materna asegura la protección del epitelio intestinal mediante un aporte de inmunoglobulina A (IgA), y limita naturalmente la incidencia de diarreas infecciosas.
Es importante no confundir la agalactia verdadera (en la que no se produce la subida de la leche) con una retención de leche, ya que tanto las causas como el tratamiento son radicalmente diferentes en uno y otro caso.

Cabe señalar también que, a la inversa, la producción exagerada de leche puede conducir a un consumo excesivo y a la saturación de la capacidad de producción de lactasa por parte de los cachorros, lo que puede ocasionar una diarrea osmótica. La diarrea aparece generalmente en el pico de lactancia, pero rara vez provoca mortalidad si el criador tiene la precaución de separar de las madres a los cachorros glotones, varias veces al día. Este procedimiento parece ser preferible a la alternativa del tratamiento médico para disminuir la producción de leche, salvo que la salud de la madre lo exija.

Prevención de la infección por el herpesvirus canino (chv)

La incidencia del CHV sobre la ortalidad neonatal suele ser un motivo de preocupación para los criadores.
Aunque no puede realizarse una prevención eficaz de los trastornos de la fecundidad atribuidos al CHV, es posible limitar la mortalidad neonatal cuando la gestación ha llegado a término. Los esfuerzos deberán orientarse al tratamiento de las madres con infección primaria. Estas albergan gran número de virus en las mucosas llamadas "frías", en especial la mucosa vaginal, antes de que hayan podido sintetizar anticuerpos neutralizantes en cantidad suficiente como para proteger pasivamente a los cachorros a través del calostro. En estas hembras, la cesárea evita que las crías se contaminen al atravesar el canal pélvico, aparentemente con buenos resultados. En cambio, en el parto siguiente, resultará inútil si el título de anticuerpos es suficiente. Como el virus es sensible a la mayoría de los antisépticos y sólo se multiplica a temperaturas inferiores a 36°C, también se puede tratar de evitar la cesárea limitando la contaminación vulvar con irrigaciones vaginales repetidas (clorhexidina) y secando y proporcionando calor a los cachorros desde que nacen, para "adelantarse" al virus e impedirle el desarrollo cuando se produzca la hipotermia fisiológica. En Europa se está tramitando actualmente el registro de una vacuna contra el CHV.

Antisepsia vaginal durante el preparto

Los gérmenes a los que se les atribuyen la mayoría de las septicemias neonatales o el síndrome de la leche tóxica se encuentran generalmente en la flora vaginal de toda perra sana. Fundándose en esta comprobación, muchos criadores recurren al tratamiento sistemático con antibióticos de amplio espectro durante el período de apertura del cuello uterino (estro y descenso del feto), a fin de evitar, según dicen, los riesgos de infección uterina ascendente

Una simple antisepsia vaginal antes del parto es con mucho preferible a esta práctica "a ciegas", con la que se corre el riesgo de seleccionar gérmenes resistentes u oportunistas (principalmente micoplasmas). 170

Prevención de las enfermedades infecciosas

Con el propósito de evitar las infecciones víricas neonatales, muchos criadores tienden a administrar las vacunas durante el período de gestación, a fin de "enriquecer" el calostro, partiendo del principio según el cual la concentración de Ig G del calostro es directamente proporcional a la concentración plasmática materna de anticuerpos y el pico de IgG se produce, en promedio, durante el mes siguiente al contacto antigénico. Además, se admite actualmente -y todos los laboratorios productores de vacunas caninas lo mencionan- que las vacunas no son abortivas ni inmunodepresoras (ya sean las valencias C, H o P), incluso las elaboradas con virus vivos atenuados. Por precaución y con el fin de evitar todo "estrés" a la perra gestante y todo litigio en caso de accidente, es aconsejable revacunar durante el mes previo a la fecha prevista de aparición del estro.

Con referencia a la valencia "L", debe tenerse en cuenta que los serogrupos (Leptospira canicola y Leptospira icterohemorragiae) contenidos en las vacunas contra la leptospirosis ya no se consideran suficientes para cubrir completamente el riesgo de esta enfermedad en los criaderos y que algunas crías de hembras vacunadas pueden no obstante ser contaminadas por la madre (sin tomar contacto con ratas) en caso de que ésta sea portadora latente renal.

Prevención de las enfermedades parasitarias

Durante el período de actividad sexual de las hembras el riesgo de que los cachorros contraigan parasitosis helmínticas es mayor, puesto que dicho período constituye un lapso propicio no sólo para la supervivencia sino también para la multiplicación de parásitos como Toxocara canis, Uncinaria stenocephala y, en menor grado, Ankylostoma caninum. En efecto, la modificación del estado hormonal de la hembra (principalmente, la variación de los niveles de progesterona) favorece la activación de las larvas en estado vegetativo y su migración hacia el útero y las mamas. Durante este período, los procedimientos vermífugos no suelen lograr que los fetos y después los cachorros escapen a la infestación. En este momento en los criaderos hay que tratar de reducir la cantidad de parásitos, tratando al mismo tiempo a las madres, los cachorros y el ambiente.

Conociendo los períodos de "reactivación" de las larvas enquistadas en la madre (en especial, la época alrededor del estro y después del día 40 de gestación) y sabiendo que los productos disponibles no actúan sobre las larvas quiescentes, algunos autores han intentado un tratamiento diario de las perras gestantes con fenbendazol, desde el día 40 de gestación y día 15 posparto. Con este único tratamiento sólo se ha logrado disminuir la infestación por Toxocara canis al 89%.

Las muertes por ascaridosis masiva son poco frecuentes. Su prevención se realiza administrando previamente a la madre un vermífugo (por ejemplo, fenbendazol 50 mg/kg/día durante tres días consecutivos) en el proestro y hacia el día 42 de gestación y realizando un tratamiento sanitario de la zona de maternidad (limpieza de las juntas entre los mosaicos, quema del piso durante el vacío sanitario).

Los programas de vermifugación sistemática sólo se justifican actualmente para combatir las ascaridiosis, que afectan a todos los criaderos. Para las demás parasitosis y en especial para las protozoosis (coccidiosis, giardiosis), el protocolo de prevención y la elección del tratamiento deberán corresponder a los parásitos identificados.

Prevención de las infecciones umbilicales

Los criadores no suelen controlar los incisivos de la madre, aunque estos desempañan un importante papel en la sección del cordón umbilical al nacer los cachorros. Importantes factores a tener en cuenta son la calidad de la mordida (contraposición de los arcos dentales) y la presencia de sarro o de gingivitis. Las madres braquicéfalas o las que padecen prognatismo tienen obviamente más dificultades para realizar esta tarea y exponen a sus crías a hemorragias internas o externas del cordón, y a infecciones umbilicales que pueden complicarse con hernias umbilicales, abscesos de la pared, peritonitis e incluso septicemia neonatal. A fin de limitar el riesgo de infección, algunos criadores utilizan en estos casos, aparentemente con éxito, pastillas bioadhesivas de clorhexidina durante el periparto.

Factores relativos a los cachorros

En un antiguo estudio realizado con 2.872 cachorros provenientes de 339 embarazos escalonados a lo largo de tres años, la mortalidad previa al destete fue del 17,4%, mientras que después del destete descendió al 4%. Las pérdidas más importantes se registraron durante la primera semana (55,6%). En función de los criaderos y de las razas, esas tasas oscilan actualmente entre el 12 y el 36%. El destete induce por sí mismo un nuevo pico de mortalidad, que se extiende a partir de la 12ª semana.

Estos resultados muestran que el esfuerzo de prevención deberá concentrarse principalmente en la primera semana.

Prevención de la hipoxia neonatal

El período más crítico para los recién nacidos es indudablemente el del parto y los primeros movimientos respiratorios. En la actualidad, los criadores y los veterinarios cuentan con muchas herramientas para prevenir la hipoxia neonatal del primer día:

  • Estimación de la madurez pulmonar de los cachorros mediante la determinación de la progesterona, puesto que la caída de la concentración plasmática de progesterona de la madre es simultánea a la producción del surfactante lipoproteínico (fosfatidilcolina), indispensable para el despliegue alveolar. Con este procedimiento se ha podido disminuir considerablemente la mortalidad neonatal consecutiva a cesáreas demasiado precoces, en especial en las razas braquicéfalas.
  • Si es necesario, ayuda manual para el descenso del feto cuando el parto se prolonga demasiado (en especial, en las presentaciones posteriores, que son un factor suplementario de riesgo de mortalidad, al prolongarse el período de expulsión) o tratamiento médico precoz (gluconato de calcio y, eventualmente, oxitocina en caso de hipotonía uterina primaria) para reducir el período de riesgo de inspiración de líquido amniótico, pues se sabe que el principal factor estimulante del primer movimiento inspiratorio no es el desprendimiento de la placenta, sino la depresión torácica subsiguiente a la compresión pélvica (aumento de la presión de CO2 en los vasos umbilicales).
  • Control correcto de la anestesia y la recuperación anestésica en las cesáreas.
    Desobstrucción de las vías aéreas superiores de los cachorros, por aspiración del líquido amniótico con una pera de goma para enemas.
  • Maniobras clásicas (secado, calefacción, frotado, etc.) y tratamientos clásicos de reanimación de los cachorros (en especial estimulantes respiratorios bulbares y máscara de oxígeno).

Prevención de la hipoglucemia

Al igual que los lechones, los cachorros recién nacidos no cuentan con reservas de grasa parda que permitan generar calor sin escalofríos. Las reservas de glucógeno muscular y hepático duran unas pocas horas y su movilización es difícil. Todo ello predispone a la hipoglucemia durante los primeros 15 días. La aparición de estas crisis, que consisten en convulsiones seguidas de apatía, depende fundamentalmente de la rapidez con que se ingiera el calostro y de la temperatura ambiente. Para prevenir la mortalidad por hipoglucemia durante las primeras horas, es necesario caldear la maternidad y acercar precozmente los cachorros a las mamas (provisión de glucosa por hidrólisis de lactosa) y por último, cuando las maniobras precedentes resulten insuficientes, administrar solución glucosada isotónica por vía subcutánea (< 3 ml/100 g/3 horas).

A menudo estas maniobras se realizan en los criaderos de manera empírica, ya que no es habitual determinar la glucemia en los recién nacidos. De todos modos, los síntomas que se observan en los cachorros (por ejemplo, fading puppy syndrome: "síndrome del cachorro debilitado") son suficientemente elocuentes como para justificar esta prevención inocua.

No obstante cabe denunciar una práctica extendida en los criaderos consistente en alimentar por la fuerza a los cachorros debilitados, mediante biberones o por intubación esofágica, sin la precaución de tomar previamente su temperatura rectal. Ahora bien, la mayoría de los cachorros pierden el reflejo de deglución, lo que los predispone a las bronconeumonías por aspiración. Además, el íleo paralítico que acompaña a las hipotermias graves impide la absorción entérica de nutrientes, que sólo favorecerán la instalación de una diarrea osmótica.

En caso de hipoglucemia, se hace indispensable calentar a los cachorros antes de alimentarlos, cuando su temperatura rectal sea inferior a 35°C. Para ello, es primordial disponer en la maternidad de una incubadora (ya sea para aves o para bebés) y colocar allí a los cachorros hasta restablecer una temperatura que permita la reaparición del reflejo de deglución. Naturalmente, como esta temperatura, relativamente alta, es incompatible con el bienestar y la conservación de la lactancia materna, no hay que imponerla a toda la maternidad.

Prevencion de la hipotermia

Al nacer, la evaporación del líquido amniótico acarrea, según el principio de climatización, un enfriamiento proporcional a la superficie corporal del cachorro. Este fenómeno explica la razón por la cual los cachorros de razas de pequeño tamaño están más expuestos a la hipotermia que los cachorros de grandes razas de la misma edad. A semejanza de lo dicho con relación a la glucemia, la temperatura del cachorro se halla estrechamente relacionada con la precocidad de la primera ingesta de calostro y con la cantidad de calostro ingerido.

No existe una regla general que establezca cuál es la temperatura ambiente óptima en la maternidad para prevenir eficazmente el riesgo de hipotermia (esta temperatura depende de la raza considerada, de la humedad ambiente y de la ventilación). No obstante, un estudio ha demostrado que cachorros Beagle sanos de 2 días sólo son capaces de mantener su temperatura rectal por encima de los 36°C si la temperatura de la maternidad se mantiene entre 20 y 30°C.

En realidad, debe controlarse sobre todo la temperatura alrededor de los cachorros y no la temperatura de la maternidad, con el objeto de que puedan mantener su temperatura rectal por encima de los 36°C cuando existe peligro de primoinfección herpética.

No se cuenta con ninguna herramienta ideal para la prevención de la hipotermia:

Las lámparas de rayos infrarrojos a veces causan deshidratación de los cachorros (en especial, cuando la humedad ambiental es baja – < 55% –) o quemaduras en la madre, cuando se las colocan demasiado cerca del piso. Las mantas térmicas y la calefacción por suelo radiante tienen el inconveniente de que proporcionan calor tanto a la madre como a los cachorros. Cuando se requieren temperaturas extremas, especialmente cuando existe unainfección por el CHV, el uso de incubadoras exige separar a los cachorros de la madre.

Por consiguiente, es necesario tomar algunas precauciones:

  • Probar", mucho tiempo antes del parto, la aptitud de la madre para soportar temperaturas elevadas (la aceleración de la frecuencia respiratoria es un buen indicio de la saturación de su capacidad de regulación térmica).
  • No separar a la madre de toda la camada cuando se observa hipotermia, sino llevar un cachorro por vez a la incubadora.
    Permitir que la madre vea a su cachorro a través del vidrio de la incubadora.  Elevar la temperatura de los cachorros muy progresivamente para evitar fallos cardiorrespiratorios.
  • Controlar de manera especial a las camadas poco numerosas, en las que los
    cachorros difícilmente logran conservar el calor amontonándose unos contra otros.
    Garantizar, tanto a la madre como a los cachorros, un gradiente térmico dentro del cual cada uno pueda encontrar su temperatura ideal.

Prevención de la deshidratación

Durante los primeros quince días, el riesgo de deshidratación de los cachorros depende de los siguientes factores: relación peso/superficie (menor en las razas pequeñas), inmadurez de la filtración renal, temperatura y humedad ambientes, buen desarrollo de las comidas y evolución de las eventuales diarreas, que a menudo pasan inadvertidas debido a los lamidos maternos (el criador se refiere entonces a las "colas mojadas").

La prevención de la mortalidad por deshidratación se basa principalmente en el diagnóstico (signo del pliegue de la piel, mediciones de peso regulares durante los primeros días, etc.), el conocimiento adecuado de las variables precitadas (utilidad de contar con humidificadores en la maternidad) y, eventualmente, la rehidratación entérica o parenteral (3 ml/100 g/3 h de una solución isotónica de cloruro de sodio y glucosa, 2:1). Cabe señalar que si se elige la vía parenteral, el riesgo de hiperhidratación del cachorro es considerable, puesto que aún no es capaz de regular la filtración renal.

Cuidados al nacer

No se volverán a describir es estas líneas los principios clásicos de reanimación anteriormente detallados, ya que todo criador debe conocerlos bien (ayuda para el parto, rotura de la bolsa del líquido amniótico, aspiración de las mucosidades, estimulación de los primeros movimientos inspiratorios, etc.).

Prevención de las demás causas de mortalidad neonatal

La descripción detallada de los medios de prevención de todas las causas de mortalidad neonatal en los cachorros son numerosas y variadas y excede la extensión de este capítulo.

No obstante, cabe mencionar:

  • El síndrome hemorrágico: cuando se relaciona con una mala conservación del alimento materno (lo cual es excepcional), puede prevenirse eficazmente mediante el suministro prolongado de vitamina K1 a la madre y a los cachorros.
  • El síndrome hemolítico: cuando se detecta con demasiada frecuencia en un criadero, se justifica determinar el grupo sanguíneo de los reproductores antes del apareamiento, o por lo menos, antes de realizar cualquier transfusión a la madre.
  • El síndrome del cachorro nadador: permite esperar, en los casos menos graves, un aceleramiento de la recuperación mediante la estimulación sensorial de las almohadillas plantares posteriores (por ejemplo, utilizando un cepillo de dientes), la contención provisoria de los miembros posteriores mediante "esposas" o la colocación del cachorro sobre una superficie más rugosa (hierba, cajas para huevos, etc.) o un tratamiento con vitamina E y selenio.
  • La carencia o la ingestión insuficiente de calostro: priva al cachorro del 95% de las IgG que aseguran su protección inmunitaria durante las primeras 6 semanas. La mortalidad neonatal derivada de esta causa ha disminuido considerablemente en Francia, donde los criadores controlan sistemáticamente la ingestión y la distribución equitativa del calostro durante las primeras horas. Para convencerse de ello basta comprobar la casi desaparición, en dicho país, de la forma miocárdica de la parvovirosis, sólo observables en cachorros que no han recibido calostro o provenientes de madres no vacunadas.
  • La mortalidad neonatal yatrógena: frecuentemente provocada, o por lo menos precipitada, por tratamientos médicos para cuya elección o posología no han tomado en cuenta la sensibilidad y la farmacocinética del cachorro, diferentes a las de los adultos. Hoy en día, se conocen bien las principales contraindicaciones y posologías medicamentosas, que deben ser consultadas antes de tomar cualquier decisión terapéutica relativa a la madre o a los cachorros.
  • Las diarreas del cachorro: objeto frecuentemente de medicación sistemática, cuando a menudo basta con adaptar la cantidad, la calidad y la frecuencia de la ingesta de alimentos (leche materna, leche de sustitución o alimento para el destete) a la lenta maduración de las enzimas digestivas de los cachorros (lactasa y amilasa, principalmente).
  • Las infecciones víricas: la prevención, cuando es posible, se realiza por
  • Inmunización pasiva (calostro o sueroterapia) o activa. Los protocolos modernos de vacunación no pueden limitarse a simples "recetas de cocina" aplicables a todos los criaderos, estén o no contaminados. Una aplicación irreflexiva de estos protocolos procura, en efecto, una falsa seguridad, lo que permite que, de tiempo en tiempo, reaparezcan enfermedades graves como el moquillo o la parvovirosis, no siempre imputables a la falta de rigor en la vacunación.
  • La ley de Charles Nicolle recuerda al respecto que el riesgo de aparición de una epidemia en una población es desdeñable cuando el 80% de los individuos están correctamente protegidos, dado que los portadores residuales, eliminadores de gérmenes, permiten de algún modo la inmunización natural del resto de los individuos.
  • En un criadero infectado deben respetarse algunos principios simples, cualquiera que sea la vacuna en cuestión:
  • "Forzar" la primera inyección, que deberá aplicarse, en promedio, una semana antes de la fecha media de aparición de los síntomas, utilizando una vacuna altamente concentrada y, por lo tanto, administrable durante el período de protección calostral.
  • Vacunar por vía intravenosa sólo en casos de urgencia, después de solicitar la "autorización" al fabricante.
    Utilizar preferentemente vacunas monovalentes (cuando existen).
  • Retrasar al máximo la venta de los cachorros.
  • Rehabilitar la práctica del aislamiento y la cuarentena (imitando a las termitas, que ante los primeros síntomas emparedan a los miembros que están infectados para proteger al resto de la colonia).

Factores ambientales

Densidad de la población

El estudio de los criaderos enseña, por si aún fuera necesario, que la densidad de la población constituye el primer factor predisponente para la aparición y la propagación de enfermedades infecciosas (por ejemplo, tos canina) o de trastornos del comportamiento (por ejemplo, canibalismo), que con frecuencia conducen a una mortalidad precoz. El bienestar animal, con toda la subjetividad que ese término supone, será pues uno de los factores de prevención de la morbilidad y de la mortalidad en el criadero. La incomodidad de la perra en el momento del parto aumenta los riesgos de retención fetal, mutilación de los cachorros por la madre al nacer (especialmente en la presentación posterior), canibalismo, aplastamiento y desplazamiento intempestivo de la camada.

En la actualidad, sólo los criadores aficionados u "ocasionales" dan preferencia erróneamente a este factor, a diferencia de los "productores", que administran poblaciones más importantes.

Normas de acondicionamiento y de ambientación de la maternidad

Cabe recordar especialmente los siguientes puntos:

  •  En contraste con las maternidades de los criaderos de otras especies, que cuentan con normas estandarizadas debido a la homogeneidad de las construcciones modernas y las razas criadas, para la especie canina todavía no existen reglas generales, debido especialmente a la diversidad de razas y a las variaciones de tolerancia de los cachorros al frío en función de la ventilación del establecimiento, la raza, el número de crías de cada camada y la eventual amenaza del CHV.          
  • Sea como fuere, es preciso establecer la diferencia entre la temperatura de la zona maternidad y la temperatura del "nido", puesto que la más importante es esta última.         
  • La incomodidad de la madre en la maternidad es con frecuencia el factor responsable de la mayoría de los trastornos del comportamiento, como las mutilaciones, los aplastamientos de cachorros, la agalactia, la falta de instinto maternal y la mala socialización de los cachorros.        
  • El aislamiento geográfico de la maternidad es el único medio para luchar eficazmente contra la extensión epidémica de algunas enfermedades causantes de morbilidad o mortalidad neonatales, como la brucelosis, las leptospirosis y las coccidiosis.         
  • La hermeticidad del edificio simplifica asimismo la lucha contra la extensión de dichas enfermedades, al permitir realizar desinfecciones eficaces, curativas o preventivas, durante el vacío sanitario (con un aerosol de descarga total de formol), y contra sus vectores.

Conclusión

La tasa aún muy importante de mortalidad neonatal de origen desconocido no debe inducir a los criadores a dejar de solicitar a los veterinarios la realización sistemática de necropsias de los cachorros muertos. Estas necropsias pueden resultar muy útiles como factores de prevención precoz de la extensión de una enfermedad al resto de la población y pueden asimismo revelar un error de fácil corrección en el manejo del criadero.