Valdelesabeyes

Golden Retriever

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Desarrollo físico, psíquico y conductual de los cachorros

No se pretende tratar en este capítulo toda la serie de etapas de desarrollo del cachorro, cuya cronología varía considerablemente de una raza a otra (las razas de pequeño tamaño son más precoces), sino simplemente insistir en el papel fundamental del criador y sus técnicas de crianza juegan en el futuro y la calidad de los cachorros, en los que se basa la reputación de su producción. Es posible evitar muchos errores e inconvenientes simplemente conociendo los períodos propicios para el aprendizaje o caracterizados por la aversión.

Desarrollo físico

El crecimiento de los cachorros se produce gracias a la formación y maduración de distintos tejidos. Estos tejidos, de distinta naturaleza, no se forman al mismo tiempo ni con la misma velocidad, razón por la cual las necesidades de las crías varían tanto cualitativa como cuantitativamente.
Recurriendo a una imagen, el desarrollo físico puede compararse a una obra en construcción: comienza por un proyecto (el sistema nervioso) y luego tiene lugar la ubicación de las máquinas (el esqueleto). Para que estas máquinas funcionen, se necesitan obreros (los músculos), que reivindicarán después una protección social (el tejido adiposo) (ver el capítulo "Alimentación").

Esta imagen, demasiado simplista, dado que las etapas son obviamente progresivas y simultáneas, resulta sin embargo interesante porque subraya los riesgos relativos a cada fase de maduración del cachorro. Destacan principalmente:

  • La insuficiencia de reserva energética del cachorro al nacer. En efecto, la grasa, principal forma de acumulación de energía, se deposita tardíamente. El cachorro recién nacido sólo dispone de sus escasas reservas de glucógeno (hígado y músculos), que cubren las necesidades de aproximadamente doce horas después del nacimiento. A continuación, queda expuesto a las condiciones térmicas externas, hasta la aparición del reflejo de escalofrío (después del 6º día), la producción de tejido adiposo (al finalizar la 3ª semana) y la aparición de los mecanismos de regulación térmica (ver cuadro sobre las temperaturas y las consecuencias sobre el rechazo materno). Debido a ello, el criador deberá siempre comenzar por proporcionar calor (bolsa de agua caliente, incubadora) a los cachorros que se encuentren en estado de hipotermia antes de emprender ningún tratamiento.
  • La variación de las necesidades alimentarias de una raza a otra y para un mismo individuo durante las distintas fases del desarrollo. En efecto, la composición del cuerpo evoluciona durante el crecimiento, produciéndose una disminución de la proporción de agua y proteínas y un aumento de la de grasas y minerales.
  • La obesidad, que amenaza a las razas de pequeño tamaño mucho más precozmente que a las de gran tamaño.
  • El incompleto desarrollo nervioso al nacer. El cachorro nace sordo, ciego, sin olfato y dotado de un sistema nervioso poco mielinizado, es decir, incapaz de conducir rápidamente los impulsos. El conocimiento de las etapas de su desarrollo motor, psicológico y sensorial es útil para poder diagnosticar precozmente ciertas anomalías, pero principalmente para estimular los aprendizajes del cachorro en los aspectos adecuados para su utilización posterior.

El criador debe conocer la cronología del desarrollo físico normal de la raza, a fin de controlar el buen desarrollo del crecimiento de los cachorros y detectar cuanto antes sus defectos "ocultos". Por ejemplo, el diagnóstico de una agenesia dental (ausencia de uno o más dientes definitivos) puede establecerse en ciertos linajes afectados por esta tara hereditaria mediante una radiografía de los arcos dentales que detecte precozmente la ausencia de gérmenes dentarios hacia la 11ª semana, es decir, antes de vender el cachorro. Lo mismo ocurre con la detección precoz de la sordera (4ª semana). En cambio, el diagnóstico de la displasia de cadera, la atrofia retiniana e incluso de la criptorquidia sigue siendo demasiado tardío como para poder excluir estos defectos de la garantía de venta.

Desarrollo conductual

Los especialistas suelen dividir el período de maduración del cachorro en cuatro etapas sucesivas.

Período prenatal

Dentro del útero, los fetos no se hallan totalmente aislados del medio externo. El desarrollo de las técnicas ecográficas ha permitido observar sus reacciones durante la palpación transabdominal de la madre a partir de la cuarta semana de gestación. El sentido del tacto se desarrolla entonces muy temprano y nada impide pensar que los fetos sean sensibles a las caricias que el criador prodigue a su madre. De la misma manera, es posible que el estrés de la madre pueda ser padecido por los cachorros y conduzca al aborto, retrasos del crecimiento intrauterino, deficiencias inmunitarias e incluso dificultades en el aprendizaje desde el nacimiento.

Por último, aunque el olfato sólo se desarrolla después del nacimiento, se piensa que la alimentación consumida por la madre durante la gestación puede orientar las futuras preferencias alimentarias de las crías.

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El período neonatal

El período neonatal comienza con el nacimiento y termina con la apertura de los párpados. A veces se lo denomina fase vegetativa, pues, exteriormente, la vida de los cachorros parece estar gobernada por el sueño y algunas actividades reflejas. Sólo reaccionan a las estimulaciones táctiles y se orientan hacia las fuentes de calor arrastrándose. Este movimiento de reptación se relaciona con el desarrollo del sistema nervioso, que se mieliniza de adelante hacia atrás y habilita la motricidad de las extremidades anteriores antes que la de las posteriores.

Además, si se excluyen los fenómenos reflejos, la percepción del dolor es la última en aparecer en el desarrollo neurológico, razón por la cual, en este período, pueden practicarse caudectomías sin anestesia. En lo relativo a este tema, cabe mencionar que los cachorros que nacen sin cola adquieren tardíamente el control de la defecación, lo que demuestra el carácter mutilante de este acto de conveniencia, cada vez más reprobado.

Durante este período, el criador deberá limitarse a confinar a la madre y a su camada en una zona maternal cálida, que ofrezca seguridad. Cuando el instinto maternal de la hembra le parezca deficiente o si la camada es poco numerosa, podrá completar la estimulación táctil de las crías explorando la normalidad de sus reflejos (de micción, de defecación, de succión, educación gustativa, etc.). En cuanto a los demás estímulos que ofrecen algunos criaderos a esta temprana edad (música, juguetes, colores, etc.), es posible afirmar que, a esta edad, son todavía inútiles y sólo logran perturbar el sueño de las crías.

Período de transición

El período de transición constituye una "fase de despertar", que comienza con la apertura de los párpados (entre los días 10º y 15º) y finaliza cuando el cachorro comienza a escuchar, es decir, a reaccionar a los ruidos (hacia la 4ª semana). Aunque la visión no es todavía perfecta en este estado, la persistencia de comportamientos tales como cavar el suelo con las patas o las exploraciones táctiles permiten ya sospechar la existencia de problemas de la visión.
Durante este período, los cachorros comienzan a explorar, a jugar, a apegarse a su madre y a reconocer la identidad de sus congéneres (fenómeno de impregnación). El criador podrá aprovechar el tiempo de vigilia de los cachorros para acostumbrarlos a la presencia y al olor humanos, jugando con ellos y manipulándolos suavemente.

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Período de socialización

Como su nombre lo indica, este período representa para los cachorros una fase de aprendizaje de la vida social, que comienza por un período de atracción (nada los asusta) seguido en general por un período de aversión (temor hacia todo lo nuevo). Los cachorros adquieren progresivamente la capacidad de comunicarse y, al interpretar las reprimendas maternas y las señales olfativas o posturales, aprenden el sentido de la jerarquía. Se comprende entonces la magnitud de la responsabilidad del criador respecto del porvenir de esos cachorros. Si por falta de tiempo o desatención el criador no aprovecha el período de atracción de un cachorro (generalmente entre las 3ª y las 9ª semanas de vida) para habituarlo a su entorno futuro, resultará después mucho más difícil para el propietario modificar los malos hábitos que pueda haber adquirido en el criadero.

Esta etapa, en la que los cachorros son extremadamente sensibles y maleables, puede ser hábilmente explotada por el criador para:

  • Favorecer los contactos con los futuros propietarios (en especial, con los niños), si se trata de un animal destinado a la compañía, así como con los individuos con quienes deberá convivir pacíficamente (carteros, gente con uniforme, gente de color, gatos, corderos, etc.)
  • Habituar al cachorro a los estímulos que va a recibir (ruidos, olor de un determinado lugar, explosiones de armas de fuego, ruido de un automóvil o de un helicóptero, etc.)
  • Reforzar el aprendizaje de la jerarquía, imponiéndole, cuando sea necesario, posturas de sumisión (manteniéndolo sobre el lomo o sosteniéndolo por la piel del cuello); mediante el mismo método pueden reforzarse los comportamientos que se busca obtener y reprimir las actividades molestas.
  • Multiplicar las actividades lúdicas entre los cachorros y sancionar a los que todavía no controlen bien su mordida.
  • Observar el comportamiento de los cachorros para poder aconsejar a los compradores según el carácter de cada uno; observando los juegos, las imitaciones sexuales y la prioridad alimentaria se pueden adivinar desde esta época las tendencias a la dominancia (ver el test de Campbell).

Muchas de las aptitudes denominadas "naturales" pueden adquirirse durante este período, especialmente cuando la madre ya está habituada a esos estímulos y puede entonces tranquilizar a su camada durante el período de aversión.
A las tres semanas de vida el cachorro normalmente ya cuenta con defensas inmunitarias y capacidad de regulación térmica y, por consiguiente, el criador puede establecer normas menos estrictas en la maternidad. Si dispone de poco tiempo para la estimulación de los cachorros, el futuro propietario seguramente aceptará complacido hacerlo, ya sea dentro del recinto del criadero o bien, si vive muy lejos, en su domicilio. Por esta razón, se señalan clásicamente dos períodos propicios para la venta de los cachorros:
- La partida precoz, hacia la 7ª semana, cuando el propietario es experto en educación canina precoz y desea adquirir un cachorro "maleable".
- La partida tardía, al finalizar el período de aversión (hacia las 12 semanas de vida), cuando el cliente es un neófito que busca un cachorro "llave en mano", que ya haya sido socializado o iniciado en el trabajo por un especialista.

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Período sensible: cronología.

En todos los casos, será siempre útil orientar al futuro propietario hacia una elección acorde con lo que pide (ver los tests de comportamiento de Campbell) y aconsejarle métodos de socialización, en los que deberá insistir el veterinario durante la consulta de compra. A fin de evitar un excesivo apego del perro hacia su propietario (que a menudo se traduce en serios deterioros del entorno cuando se lo deja solo), convendrá recordar al cliente el fenómeno natural de desapego, que se opera espontáneamente antes de la pubertad cuando el cachorro permanece con su madre.